Desde hace más de una década, junto a Catalina Lucz-Ligeti, venimos desarrollando en Baños de Agua Santa un proyecto artístico nacido del viaje, la escucha, el oficio y la imaginación. La Casa del Duende es la casa-taller creada en 2013; La Aldea Mágica es el jardín artístico abierto en 2018 donde actualmente se recorre la obra.
Desde 2013 construimos un espacio donde los duendes no se presentan como superstición ni promesa sobrenatural, sino como figuras simbólicas y artísticas. Cada pieza se crea a mano, con intención y relato, dentro de un recorrido pensado para observar con tiempo.
Con el paso del tiempo, surgieron otros espacios en Baños y en otras ciudades del Ecuador que comenzaron a utilizar palabras como duende, mágico, hadas o encantado dentro de propuestas comerciales. Que existan otras experiencias no es el problema: lo importante es distinguir sus autores, fechas, ubicaciones y relatos sin confundirlas entre sí.
Una experiencia turística responsable identifica su origen, sus responsables y su ubicación. La imaginación puede circular sin borrar la autoría ni confundir al visitante.
No cuestionamos que existan, pero sí es importante que se sepa que no somos lo mismo.
“Un duende no es un producto. Es una forma de nombrar lo que habita sin mostrarse. Y no todo lo que dice ser mágico… lo es.”